
Fue realmente impresionante ver aparecer a Fidel Castro caminando por el Malecón, sin escolta, y meterse en medio de la trifulca que en ese momento -5 de agosto de 1994- se desarrollaba entre cientos de partidarios y opositores a su gobierno.
Como por arte de magia la imagen se congeló, los que protestaban dejaron de arrojar piedras y los que los reprimían bajaron sus garrotes. Tardaron todos unos minutos en salir de su asombro pero cuando lo hicieron fue para corear un nombre: ¡Fidel!
A los periodistas extranjeros presentes nos pareció algo sacado de una novela de Gabriel García Márquez. Hay colegas que aseguran que incluso algunos de los manifestantes antigubernamentales terminaron aplaudiéndolo.

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